domingo, 3 de junio de 2007

A, B, C, de tu Cuerpo



Letras bajo mi espalda asesinan mis recuerdos, blancos de la sed que deriva mi desierto, ojos cafés, piel canela y rizos descubiertos, van tras el andar de tú silencio.


Silencio que aturde mi contexto preso en la tierra, victima del tiempo, recorre la distancia entre tu cuerpo y mi cuerpo, un alma perdida, vagando en letras de tu nombre.


Nombre que retumba en la mente débil de mi cuerpo, ebria de adverbios en lugar, tiempo, y modo, todos adjetivos del verbo hacen de ti el castellano perfecto.


Perfecto en la lectura de mis versos, pienso anhelo y sueño contener la furia de aquellos tiempos, inmersa en la información circunstancial de tus oraciones, deseo oír más que lamentos.


Lamentos en una vida anexa dispuesta a ganar palco en el presente cuerpo, palabras exorbitantes carceleras del sonido, dueñas del aliento malogrado de estos labios.


Labios sorprendidos sin sabores ni colores venideros, nicotina refrescante de cigarros abundantes, invasora de mi aire perpetradora del espacio quebrantado de mi alma incesante.


Incesante realidad presa entre 29 letras, condenadas al tiempo de vida pronunciadas y perdidas, maldito el viento que se cuela por la hendija del espacio muerto de vocal a consonante.


Consonante de mi cuerpo espía del recuerdo, eco constante del hueco entre el juego de tu sal y mi asbesto, estructura flotante entre la A y la Z esas que definen mi período de existencia.


Existencia marcada con puntos y líneas que dibujan los límites de tu cruel embestidura, significado pragmático de oraciones insulsas, entorno de vocales fieles al yugo del A, B, C de tu cuerpo.


Cuerpo ficticio molde que forma el esqueleto del abecedario, aferrado al concreto armado del espacio entre tus labios, mezcla del mortero que fija tus frases amargas, oraciones conjugadas en tiempo y espacio.


Espacio reinante de mi destino fluctuante, entre verbos y adjetivos conjugados e imperantes de la voz de tu glande, presa en punzantes situaciones que agraden el espacio de mi nombre en tus fauces.


Fauces despiadadas apremian el aprendizaje de la carne, esbozos sollozos que definen la línea entre mi nombre y tus vocales, sueles decir frases que destellan sin ser flamantes en el interior gramático de mi léxico imperante.


Imperante y audaz reflejas incesante una realidad, solo existo en el sonido de tus oraciones, conjugadas o no, formo parte del lugar tiempo y espacio que solo tus labios dan vida a mi alma.


Alma vívida en compases de prosas, en silencio dan paso a la existencia del cuerpo, como el ruido de mi contexto ahoga tu vida en pleno, soy víctima del escarnio que solo tiene vida en mi cerebro.


Cerebro que aplasta mi vida bajo la lluvia, la niebla del deseo flagrante avista un conflicto grave, como existo si todo lo que obtengo de ti es un silencio garrafal, preso en el viaje lingüístico de tu amplio y fino vocabulario mutable.

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